No es capricho, o sí.

Desde poca altura, el niño observa.

Sin pasado,

sin conocer el futuro, ni el destino; aquella zarpa que

mata el no saber a donde ir, parafraseando a  Rilke.

Así que ordeno mi pasado y

anclo al presente una mirada nueva (para mí).

Una mirada a algo menos de un metro de altura.