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A veces también escribiendo, tic tac del teclado y las teclas empujando mis dedos hacia arriba para que caigan en la siguiente tecla y vuelta, tú sabes.

 

Y recordando lo leído al fin de la noche. Sí, abrigado hasta el pecho, a media luz y a medio camino entre esos dos mundos, saliendo y entrando en esa cama que durante un rato se ha vaciado de nosotros, aunque una cabeza negra se empeñe en encontrar un valle para