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encajarse en mi hombro, mientras de regreso al nadir vamos recobrando la serena realidad.

 

O caminar por un erial, tal vez en Castilla, habitado de forma caˇtica por regojos de caliza como efervescencias sobre una superficie plana, y coger uno y desmenuzarlo en la mano, y aparecer un hildoceras, con sus vueltas de tiempo consumado.