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O frente a una piedra de Oteiza o un poema de Basso, ne quid nimis, quieto y expectante, mientras se deslizan las sensaciones y recorren tu cuerpo sosegadamente.

 

En algún lugar de esa calle, al girar, por debajo de la farola, en la tierra, la humedad retenida, pisar descalzo. Allí te diré adiós y veré de nuevo tu espalda recortando la calle, y de tus hombros saldrán ramas de cinamomo hasta que subas la cuesta por la exigua acera y pierda tu imagen con el oleaje bravo que infla la mesana y te empuja tan lejos.